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dilluns, 26 de setembre de 2011

Historias, Leyendas y Parajes de Cirat: I "El Salto de la Novia"



PROLOGO:
A lo largo de más de dos décadas, viene siendo habitual que en el Libro de las Fiestas Patronales de Cirat, venga escrita alguna Historia, Leyenda o Apunte sobre hechos y lugares del Término.


Este año, se ha llevado acabo la recopilación de toda esta riqueza de memoria colectiva, siempre con el toque personal de su Autor: Ángel Sorní Montolio, al cual le agradezco desde estas lineas, su enorme voluntad por hacer perdurar en las personas que leen sus textos, pinceladas de historia, de tradición oral, de fantasía y realidad, sobre la Villa de Cirat y el Tormo.


He pensado en ir subiendo al Blog algunas de las Historias recopiladas en el Libro(Cirat y e Tormo de Cirat, Historias, parajes y leyendas), ya que algunas de las Rutas Senderistas publicadas y futuras, discurren por esos Parajes o estarán relacionados con los personajes, de modo que enriquecen el simple paseo senderista, transportándonos a otra época, donde por los caminos y sendas, no solo discurrían senderistas, también forajidos, aldeanos, militares, guerreros, etc.


Empezaremos, por uno de los lugares mas emblemáticos de Cirat, y con certeza el que mas fama senderista le ha aportado: 


"La Leyenda del Salto de la Novia"

"Hay Leyendas tan hermosas,
que acaban manando agua".
Anónimo.


Una noche juntos les bastó a los amantes para jurarse amor eterno.
Corría el año de gracia 1846. Hacía unas semanas que se había desencadenado la segunda Guerra Carlista, llamada la "Guerra dels Matiners", y la Sierra de Espadán se había convertido en un trasiego de partidas de guerrillas que, bajo el mando del General Ramón Cabrera y Grinyó, trataban de apoderarse infructuosamente de los territorios que ya dominaron unos años antes durante la primera guerra.

Aquel anochecer cuando se encontró con Mariana, José andaba perdido por las inmediaciones del Cerro.(Alto del Cerro 921msnm), Era José, un joven Morellano que pertenecía a una de las partidas del citado General Cabrera y su grupo había sido sorprendido por otro de Isabelinos en el camino de la Solana, muy cerca del Corral del Sastre. Les había dicho un lugareño que había una fuente cerca y allí se dirigían. Escapó solo y como pudo, monte arriba, hasta que dejó de escuchar las detonaciones de los fusileros. Y hubiese desfallecido de cansancio, hambre y sed, de no haberse topado con Mariana, una hermosa muchacha de Pavías, que volvía a casa de recogida. 
Eran jóvenes los dos y les bastó este encuentro, una mirada, para que la pasión anidase en sus corazones. Aquella noche mágica, Mariana, sin que sus padres lo supiesen, lo alojó en el pajar, le alimentó con su propia cena y conversaron horas y horas como no lo habían hecho nunca. Les sorprendió el amanecer con un beso y una promesa: cuando acabase aquella maldita guerra, José volvería, vaya si volvería.
Pasaron los años y Mariana se había convertido en una hermosa mujer.

Pero aquella maldita guerra no concluía nunca. Las partidas de combatientes acechaban por los caminos y los encuentros armados se sucedían a menudo dejando heridos y muertos por ambos bandos. Era una guerra fratricida y cruel, y no tenía trazas de acabarse. A Pavías, una pequeña y recóndita población que por aquellos años disponía de alrededor de 30 fuegos, llegaban de vez en cuando noticias por lo general confusas y contradictorias y aunque ella no se perdía palabra alguna, jamás ningún caminante pronunció el nombre de José, ni le dio noticias suyas.

 Después sucedió todo muy rápidamente, Sus padres apalabraron su boda con un apuesto y acaudalado joven de Cirat y aunque ella al principio se negó, era tal la tradición de este tipo de casamientos, que hasta esa primera negativa parecía pertenecer al ritual: todas lo hacían. Era como si las novias se hicieran de rogar, lo que resaltaba mas su bondad, pureza y recato. Por eso nadie le dio importancia a su negativa.
Así que se iniciaron los preparativos para la boda que se dispuso se realizaría el 15 de Julio de 1849. Una boda era un gran acontecimiento y la de Mariana no podía ser menos. Fueron unas semana ajetreadas y trepidantes. Ultimaron el ajuar entre todas las mujeres de la casa y todo concluyó un día antes cuando recibió desde Valencia su traje de novia. Un precioso traje blanco y bordado con un velo de pedrería. Aquella noche del 14 de Julio apenas durmió. El recuerdo de José a la vera del camino sonriéndole, la sensación de sus labios humedecidos en aquel largo y pasional beso o los ecos de su voz la persiguieron durante horas y no podía, no quería desprenderse de él.
Hasta que amaneció y resignada se preparó para el largo viaje que se avecinaba. La boda tenía que celebrarse en la Iglesia de Cirat y le esperaba un largo camino lleno de incomodidades y peligros. El novio le había enviado la noche anterior una partida de fusileros para que la protegiesen durante el trayecto, y un brioso macho que, provisto de una cómoda y lujosa albarda, la había de trasladar sin riesgo alguno.


Pero algo había en el ambiente que le presagiaba  no sabía si buenos o malos augurios: tal vez aquella luz tan fuerte y turbadora, o aquel recuerdo tan intenso; el caso es que cuando salió de Pavías sabía a ciencia cierta que algo imprevisto había de suceder.
Y sucedió, pero fue todo tan rápido que las versiones de los testigos resultaron contradictorias e imprecisas. Todos están de acuerdo que cerca ya de las Salinas, cuando casi divisaban la fuente Torres, la comitiva nupcial se topó súbitamente con una partida de Carlistas que venían en dirección contraria.
Las discrepancias surgen a partir de ese instante. Hay quien asegura que segundos antes del tiroteo uno de los carlistas balbuceó claramente el nombre de Mariana, y que al tiempo ésta gritó el nombre de José. Aunque otros testificaron que primero se oyó un tiro, que batió a un Carlista llamado José y que en ese momento Mariana gritó desgarrdamente su nombre. El caso es que el brioso macho que trasladaba a la novia, ante el estrépito de las detonaciones, se encabritó y sin control alguno, desbocado por completo, se cayó por un precipicio que daba sobre el Barranco, en un salto de agua que los lugareños denominaban la Cola de Caballo o Chorrador. Y que a partir de entonces y según cuentan nuestros mayores pasó a llamarse el Salto de la Novia.
....y aun añaden que, al caer, el velo de la novia se enganchó en una rama de baladre y aunque no evitó su muerte, si desvió el cuerpo de Mariana hacia el Salto de agua. Fue al chocar con ella cuando un nuevo chorro más vigoroso comenzó a manar de esa barranca.
....Todavía hay quien afirma, y eso lo podéis comprobar personalmente si os acercáis por allí, que algunos veranos, alrededor del medio día, si uno se asoma a las cristalinas aguas de la charca y observa sus reflejos, se pueden distinguir las imágenes de Mariana y José fundidos en en abrazo eterno....

Ángel Sorní Montolío



RUTAS QUE PASAN POR ESTE PARAJE: