Antes de subir la entrada al Blog, sobre la Ruta a la Piedra Partida, os dejo con esta Leyenda, que antaño muchos abuelos susurraban antes de dormir a sus nietos, en muchos poblados del Valle del Mijares.
El Bosque
Sagrado y La Piedra Partida
Año 215 ac ., un viento helado
sacude con fuerza el Valle del Mijares, las tropas Romanas se adentran desde
las fértiles tierras de la Plana ,
río arriba, avanzan sin pausa en busca de buena madera para abastecer de
lanzas, arcos y flechas a sus aguerridos soldados, hace ya 12 meses que Anibal
había conseguido afamada victoria en la Batalla de Cannas (Apulia), y ahora los hermanos
Escipiones después de sendas victorias
en Capua y Siracusa se disponen a recuperar Sagunto.
Conforme
avanzan por el Udiva, como así conocían al Mijares los Edetanos e Ilercavones
que compartían este territorio fronterizo para ambos pueblos, los romanos iban
apropiándose sin miramiento de víveres y materias primas, reprimiendo cualquier
insurgencia de los pobladores indígenas, alguien les reveló , a cambio de
indulgencia, los magníficos portes de “Taxus” que se erguían en un sombrío y
encaramado Barranco más allá de la aldea de Abaiturí (uno de los nombres
primigenios de CiRAT), advirtiendo que el acceso era imposible si no se
conocían los pasos entre los roquedos, y que los espíritus de la Tierra moraban al cobijo de
sus profundas y milenarias raíces, además la espesura de su ramaje eternamente
verde quedaba oculta por una la bruma al ocaso del día.
Los
soldados estaban bajo el mando de uno de los más fieles discípulos de Escipión,
tenía como misión encontrar las mejores maderas y se encaprichó de aquel bosque
de Tejos tan afamado por los nativos.

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El mayor
de todos los moradores de Abaituri, el más sabio, aquel que había recorrido las
tierras del Norte de Hispania y en su juventud conversó con los druidas Celtas
de las montañas Cantabras, hacía ya días que andaba inquieto, se le vio visitar las rocas grabadas de la Cuevonda y del Barranco
de las Salinas, ofreciendo sacrificios a los Dioses para obtener la
clarividencia oportuna sobre los hechos futuros, pero no obtuvo respuesta
alguna.
La noche
previa a la aparición de los romanos, el guía reunió a todos los habitantes
alrededor de una hoguera, les explicó las luces centelleantes y el grabado
encontrado, sin duda era un Mapa, la cazoleta repleta de agua, mostraba el Manantial
mayor del poblado, y el canal era el Barranco que cruza la Fuente de agua, Barranco
conocido como de los Taxos, por que en su parte culminante se encontraba el
bosque sagrado.
Los
dioses querían que fueran allí, sin dudarlo ni un segundo recogieron lo
necesario y se inmiscuyeron en la montaña, remontaron el primer tramo del
Barranco del Taxo y penetraron en las entrañas de la montaña por una cueva cuya
entrada es todavía un misterio, hasta ahí llegan las leyendas de la tradición
oral.
Parece ser que los Romanos dieron con el Barranco del Taxo, construyeron
una senda enlosada para salvar todos y cada uno de sus saltos, bordeando los
precipicios, aferrandose a los paredones calizos, 20 días les costó pavimentar
el camino con la propia roca, desde el punto más bajo , hasta el bosque sagrado
de Taxos, talaron sistemáticamente cada uno de los troncos milenarios de aquel
recóndito Valle, así como había pasado ya con otros bosques de Hispania.
Con la
retirada del contingente romano, el Bosque había desaparecido, quedando a la
vista la senda empedrada que dio nombre desde entonces al Barranco, “El de la Losa ”, semejante hecho pasó
en otros lugares como Losa del Obispo y Llosa de Ranes, la impronta de las calzadas
y caminos romanos pasaron a formar parte de la toponimia.
Los
romanos que talaron aquel Bosque, pensaron que los nativos habían huido hacia
poniente, pero si recorremos en la actualidad el valle antaño ocupado por el
Bosque Sagrado de Tejos, en una de las laderas de la vertiente Sur, una brecha
resquebraja la roca pareciendo salir de las mismas entrañas de la montaña, y en
su interior, siempre a la sombra, encontraremos un valioso legado de aquellos
días, la Naturaleza
quiso dar una segunda oportunidad a aquellos Tejos guardianes del tiempo, y con
las hojas siempre verde, de profundas raíces y ramaje espeso podremos
contemplar algunos ejemplares de Tejo, reliquia de lo que un día fueron estos
parajes.
Sobre
los Iberos que habitaban Cirat, muy poco se sabe, pero en la partida conocida
como “las Cruces”, cerca de la
Piedra del Medio día, al lado del camino de Rosaire, podremos
ver una cazoleta cruzada por una brecha, grabada sobre un enorme bloque de
arenisca.
A mitad del Barranco de la
Losa , esta la
Fuente de la
Carrasca , manantial que abastece a todo el pueblo de Cirat ,
y en la parte alta del Barranco, en la ladera Sur, la Piedra Partida alberga los
últimos Tejos de Cirat, patrimonio
natural de valor intangible, que es responsabilidad de todos legarlo a las
futuras generaciones.
FIN